
La Doctora Rosa Elena Simeón Negrín, primero presidenta de la Academia de Ciencias de Cuba y a partir de 1994, ministra del CITMA, siempre le tuvo gran aprecio a nuestro colectivo y a nuestra creación, el radar de Camagüey. Éramos de sus locos favoritos. Ella no perdía oportunidad de pasar a vernos, o al menos, llegarse al radar de súbito, sin mucho aviso. El día de la inauguración, el 3 de abril de 1997 (que ya la institución no desea recordar), nos comimos un cake grandísimo; pero en un aparte ella le pidió arroz con leche a las cocineras, que era su platillo favorito. Pero en la visita de la que quiero hablar hoy no fue así. Ella había anunciado que pasaría por el radar a pesar de tener un programa muy complicado. Se la esperaba desde dos días antes. Narro esto porque Picón y Rafael a cada rato me lo recuerdan.
El administrador de turno, en un esfuerzo supremo había «resuelto» un cake (sí amable lector, eran los tiempos en que las cosas en Cuba «se resolvían», los lectores más jóvenes pregunten a los ancianos qué significaba eso), grandísimo, que no cabía en el refrigerador, como el del día de la inauguración y lo habían llevado para el radar ese día desde temprano.

En esa época el radar en la Loma de la Mula aún no tenía comunicación telefónica, solo una planta de radio de VHF fija (que servía de repetidor) que se comunicaba con los walkie-talkie que portaban algunos de los jefes. Desde temprano las informaciones se alternaban: viene, no viene. Estaban en el radar todos los operadores y las cocineras.

El mostro Rafael era el jefe del radar. Ya sobre las 4 pm, Félix Gamboa le anunció lapidariamente a Rafael por la planta de radio: NO VIENE. Tremendo rollo, procedieron a comer cake y a invitar a los vecinos porque no había dónde guardarlo.

No se habían podido quitar el merengue de la boca cuando en lontananza se vio la comitiva, porque cuando Rosa Elena decía que venía, venía, así el mundo empezara a girar al revés. A ella ni el cansancio ni las enfermedades pudieron detenerla nunca y ya lo dije: éramos de sus locos favoritos. Los jefes se querían comer a Rafael por lo del cake; pero Rosa Elena estaba muy feliz porque las cocineras le tenían su platillo favorito: el arroz con leche.

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