Radares Mirando al Sur

Fundamentos, Tecnologías, Aplicaciones, Historia y Memoria

Nalchik, la semilla en terreno fértil

Yo por poco no voy al viaje. Para Camagüey nos dieron dos plazas para el curso. Corría el año 1985. Yo, que era el jefe, decidí que irían el técnico René Céspedes y el ingeniero José Silva. Mi razonamiento es que ya yo era un ingeniero experimentado reparando el radar MRL-5, había tenido la asesoría de dos de los mejores ingenieros que tenía el Comité Estatal de Hidro-Meteorología de la URSS (Román Tychina y Vilory Kravchenko) y había estudiado por mi cuenta como un demente, por tanto, pensé que lo mejor sería que fueran ellos, que yo me «defendía» bastante bien. Sin embargo, René, que es mi gran amigo, se sinceró y me dijo –no, debes ir tú, yo tengo en planes irme a trabajar para el aeropuerto, así que será una oportunidad que vas a perder y que no les dará ningún beneficio a ustedes, además — agregó — creo que por muchos motivos, no solo por ese, tú eres el que mejor puede asimilar ese curso. Finalmente, viajamos Silva y yo por Camagüey. Tal vez si yo no hubiera ido las cosas habrían sido diferentes en mi carrera. Realmente, esa fue la gran oportunidad de mi vida, solo que yo no lo supe hasta mucho después y también fue la de René al haberse ido para el aeropuerto, muy a pesar mío. Hoy, puedo hacer una evaluación retrospectiva más serena sobre cuánto significó para mí este curso. Si mi nunca bien ponderado lector me sigue, le cuento.

Vista aérea del Instituto Geofísico de la Alta Montaña, en Nalchik, República Soviética Autónoma de Kabardino-Balkaria.

Desde Cuba no pudimos saber nada respecto al viaje. En 1981 Cuba había firmado la compra de dos radares meteorológicos MRL-5, que llegaron al país en 1982. En el paquete de la compra estaba incluido el entrenamiento a operadores y técnicos. Eso lo supe desde que entré a trabajar porque el director de la Oficina de Camagüey, Braulio Lapinel me lo dijo y me pidió mi disposición. El problema es el problema, como diría Arjona, en 1985 ya yo estaba complicado. En diciembre de 1984 había nacido mi hijo Valodia y yo aun seguía sin tener donde vivir, rodaba de una casa para otra; pero esa es otra historia. Ante la negativa de René Céspedes a ir al curso, comencé a evaluar lo de ir yo, y se concretó felizmente porque mi esposa, profesora de la Universidad de Camagüey, «amarró» un entrenamiento en la CUJAE (ella es de La Habana), así no tendría que quedarse cuatro meses sola en Camagüey con el niño chiquito (aunque la estancia de ella en La Habana tampoco fue un paseo).

De derecha a izquierda: Silva, Esteban, José Mario, Onel y yo en Nalchik.

Éramos seis operadores y seis técnicos. Los operadores eran liderados por José Mario Alonso, el jefe del radar de Camagüey, muy culto y bien preparado, con muchos años de experiencia en radares y cuatro explotando el radar MRL-5 de Camagüey. De Cienfuegos iban dos operadores: Onel Díaz de Villegas y Pepe Fernández, a quien Maroto apodó El Misterioso, un maestro de inglés. Los dos granmenses: Labrada (apodado El Diablo por Maroto) y Castillo, del radar de Pilón. Por Casa Blanca, Esteban Pérez quien sí trabajó unos años en el radar de Casa Blanca. Al frente del grupo de ingenieros y de toda la delegación iba Diego Dieguez. Completábamos el grupo: Manuel Cordoví, de Granma, inversionista y primer ingeniero del radar de Pilón, Aldo López, técnico de estaciones de satélites y Pablo Maroto, técnico de la estación aerológica, ambos de La Habana, y José Silva de Camagüey.

De derecha a izquierda: Onel, yo, José Mario y Esteban

Arribamos pues a la Unión Soviética a principios de septiembre. Nos pasamos más de 15 días zonceando por Moscú sin que se ocuparan de nosotros. Liderados por mí, nos aparecimos en el Comité Estatal de Hidro-Meteorología y metimos petate. Enseguida fue a vernos un cubano representante de CubaTécnica. Primero llegó zoquete y altanero; pero en el grupo todos éramos «arrechos», como dicen los venezolanos y lo frenamos en seco y le bajamos los humos. Luego el tipo empezó con una muela babosa de «que yo lo hice por hacerle el favor a ustedes, los traje a pesar de que aun no los podían recibir…bla bla bla, para que no perdieran la oportunidad»…le dejamos claro que nosotros no le habíamos pedido a nadie ir a ese curso y que si lo hacía por el favor que nos mandara al otro día para Cuba, que a nosotros, ese asunto nos tocaba los timbales. A todas estas, no me sabía decir dónde iba a ser el curso, mentiroso como era, dijo Novosibirsk y ahí fue cuando me alteré. Yo tenía bien mapeado quien era quien en el mundo de los radares de la Unión Soviética y Novosibirsk no estaba en ese mapa. El tipo salió hecho una exhalación. El caso es que al otro día vino ya con los pasajes sacados para … Nalchik, entonces yo tranquilicé a la gente. Es el mejor lugar al que podríamos ir — les dije yo.

Silva y yo, a la entrada del Instituto Geofísico de la Alta Montaña, en Nalchik.

Sí, el curso desde un inicio había sido concebido en el Instituto Geofísico de la Alta Montaña, donde radicaba el Centro de Lucha contra el Granizo. Esto era en la ciudad de Nalchik, capital de la República Kabardino-Balkaria, en el Cáucaso Norte. Nos recibió el Dr. Magomet Tajírovich Abshaev en persona, director y líder de este centro. Sus primeras palabras fueron –Muchachos ¿por qué tardaron tanto en venir? Los estamos esperando desde junio, con el inicio del verano, para que no pasaran frío. Con esto a mis lectores les quedará claro que CubaTécnica y su contraparte soviética Texnostroiexport se daban la mano en la burocracia y en la ineficiencia, simplemente…no se habían ocupado. El contrato para el curso estaba firmado desde principios del año 1985, que Abshaev me lo enseñó. Nada, normal. Sigamos con lo del curso, ya sabemos que no por gusto se disolvió la Unión Soviética seis años más tarde.

De izquierda a derecha: Silva, Esteban, Tychina, mi primer asesor que fue a Nalchik a visitarme y yo.

Les dije a mis compañeros que era el mejor lugar al que podrían habernos mandado y ahora le explico a mis lectores el porque de mi afirmación. Abshaev es el creador del método operativo de detección de granizo usando radares de doble longitud de onda. Para hacer la demostración práctica hizo una maqueta con dos radares viejos, uno de la longitud de onda de 10 cm y otro de la longitud de onda de 3 cm, un ejercicio tremendamente complicado para hacerlos apuntar a un mismo blanco, y repetir el experimento innumerables veces para reunir una estadística respetable como para tener una demostración científicamente apabullante. Una de las cosas buenas del curso fue que pude visitar esta maqueta y recibí una explicación detallada de la metodología que usaron para esto. Les aseguro a mis lectores, que apuntar con dos radares (dos antenas) diferentes a un mismo lugar del espacio con exactitud es una tarea bien engorrosa y delicada. Repetirlo muchas veces, es una tarea titánica.

De derecha a izquierda: Cordoví, Silva y yo frente a una tienda en Nalchik.

Abshaev no solo demostró el método, sino que hizo la tarea técnica para encargar la producción de un radar de doble longitud de onda, probó el prototipo y el ejemplar cero de los radares MRL-5 y dirigió la comisión para la aceptación de estos radares para su producción seriada. Es decir, nos impartiría el curso el creador de los radares MRL-5 y su equipo de ingenieros y científicos. Tuve la oportunidad de ver no solo la maqueta de dos radares, sino también el ejemplar cero y el primer ejemplar seriado y escuchar multitud de anécdotas sobre el proceso de creación de esta maravilla tecnológica, adelantada a su época, que fueron los radares MRL-5. Estaríamos en buenas manos durante cuatro largos meses.

Repasando en las tardes: Maroto, Aldo y yo.

El diseño del radar, a partir de la maqueta, fue encargado (al igual que los radares MRL-1 y MRL-2) al Instituto Pansoviético Científico Técnico de Radio Aparatos, radicado en Leningrado (hoy San Petersburgo) y la fabricación seriada corrió a cargo del Electromash en Gorki (hoy Nizhnii Nóvgorod). Pues bien, los técnicos tuvimos la suerte que la mayoría de las clases nos la impartiera Lev Grigorievich Kaplan, doctor en Ciencias Técnicas, quien había sido jefe del departamento de transmisores en el Instituto de Radio Aparatos de Leningrado, por tanto, autor principal del transmisor del radar MRL-5 ¿Se imagina mi curioso lector qué oportunidad tan buena tuve? Kaplan no solo conocía el transmisor al detalle, como quiera que sea interactuó con los otros jefes de departamentos de receptores, de indicadores, de accionamiento de la antena y conocía al dedillo las mil anécdotas e historias «palaciegas» del proceso de diseño dirigido por Grigori Fiódorovich Shevelá. Kaplan era la persona a quien se le podían preguntar todos los porqué que yo traía atravesados, a los cuales, obviamente, ni Tychina ni Krávchenko habían podido responderme; pero Kaplan sí sabía todo de por qué así y por qué no de esta otra forma. Tenía además, la experiencia de qué estuvo bien y qué no resultó tan bien en la práctica operativa de muchos años explotando los radares MRL-5 que habían entrado en producción en 1975.

Camino a una excursión en al Monte Elbrus.

Con Kaplan encontré otra resonancia. Él había escrito su tesis de doctorado en el tema que ya a mí me había atrapado, el procesamiento de señales. tuve oportunidad de confrontar lo que yo sabía hasta el momento y adentrarme en la teoría con una guía de alguien experimentado. Devoré decenas de artículos científicos y esbozamos un tema para yo ir a hacer mi doctorado con ellos. De paso digo que también Abshaev me ofreció oportunidades de doctorado en física-matemática con el tema del granizo. Probablemente mi tesis habría sido un híbrido de los dos temas.

En un trabajo voluntario en un koljós recogiendo (o más bien comiendo) manzanas en Nalchik.

El otro profesor que tuvimos fue Yuri Fiódorovich Kuznetsov, doctor en Ciencias Técnicas. Kuznetsov se encargó de enseñarnos la mayor parte de las mediciones en el radar (excepto la medición de espectros del transmisor que corrió a cargo de Kaplan). Kuznetsov había sido el encargado de formular la parte ingenieril de la tarea técnica para encargar el diseño del radar MRL-5 (allá, a finales de los 60 del siglo pasado). De más está decir que era una enciclopedia viviente y conocía muy bien cada parámetro del radar MRL-5, también había sido el ingeniero principal para recibir y aprobar la producción seriada de los MRL-5.

Yo, haciéndome el místico en el laguito frente al hotel Nart en Nalchik.

Aparte de todo lo anterior, con Kuznetsov tuve la oportunidad de aprender todo lo relativo a las mediciones del campo de la densidad del flujo de potencia de microondas en el entorno del radar y una explicación detallada de las normas de dosis permitidas en la Unión Soviética. Unas cuantas cosillas prácticas que me fueron de mucha utilidad cuando surgió el conflicto del radar Doppler de Camagüey contra los reclamos de la torre del aeropuerto; pero ya esa es otra historia, del año 2012. Posterior a mi visita a Nalchik, yo había tenido que convencer a la gente del Plan de la Oca que el radar MRL-5 que íbamos a instalar en la Loma de la Mula (que no ocurrió hasta 1997) no los dañaría y para eso me había valido de un artículo científico escrito por Abshaev y Kuznetsov sobre el campo de microondas radiado por el radar MRL-5.

De izquierda a derecha: Onel, Maroto, Diego, Labrada, Cordoví, Esteban, José Mario en alguna actividad, en Nalchik.

De Kuznetsov tuve dos experiencias más. Una fue una explicación práctica detallada de la calibración de los radares. Iba a participar en lo del helicóptero; pero como era una nave militar, al final no me dieron el permiso. La otra fue el asunto de la recepción de un radar nuevo. Igual, en el último momento no me dejaron participar, por el mismo tema de ser extranjero; pero sí recibí la preparación técnica detallada de cómo hacerlo y créanme, no es trivial, hay muchos asuntos que hay que precisar, fue una experiencia muy valiosa. Cuando el montaje del radar de Holguín, los alemanes se asombraron de las exigencias y habilidades de Leonardo; pero nosotros estábamos muy bien preparados para no dejar pasar ningún detalle. Todas mis experiencias yo se las transferí a Arturo, Leonardo (Ichi) y Roberto. Bueno, y a unos cuantos más que no permanecieron con nosotros.

José Mario y yo, entrenando en un MRL-5

Si bien de Kaplan obtuve una excelente preparación teórica sobre el procesamiento de señales, en Nalchik tuve además, una excelente oportunidad de ver cosas prácticas sobre los procesadores de señales con el joven desarrollador Kapitannikov. Eso me dio un nuevo impulso para concretar el sistema HERMES en 1988. No es que implementara las cosas que vi allí, sino que justamente hice las cosas de otro modo que ya rumiaba en la mente a finales de 1985. Ellos desarrollaban un sistema de control del radar con adquisición automática y procesamiento digital de las señales. Creo que finalmente este sistema no logró imponerse para todos los MRL-5 en la Unión Soviética.

Radar MRL-5 estacionario en la Unión Soviética.

Ya les comenté que Abshaev era el Director del Centro Antigranizo; pero además, era el líder de la actividad y más que el líder, simplemente, Abshaev es Dios para sus subordinados (también para mí). Él es una personalidad extraordinaria. Una de las mejores cosas que me sucedió fue haber participado en sus clases para los operadores y haber tenido largas conversaciones personales con él. Fue mi primer acercamiento a la Meteorología y a la Física de los procesos convectivos. He asimilado muchos libros sobre estas temáticas; pero realmente, sobre la teoría de la dispersión de las ondas electromagnéticas en los hidrometeoros no he visto nada como lo que aprendí allí. Especialmente el tratamiento diferenciado de la dispersión para diferentes longitudes de onda (obviamente, el método de detección de granizo se basa en la diferencia de dispersión de las partículas ante las diferentes longitudes de onda). Abshaev ha desarrollado numerosas investigaciones en este campo y ha creado una escuela poderosa en esta dirección científica.

A Abshaev le tengo dedicado otro post; pero aquí deseo recalcar algunas cosas más. Yo quedé deslumbrado por la completitud de la obra de Abshaev. No solo fue el artífice de los radares MRL-5, sino que organizó su explotación en función del servicio de supresión del granizo. El concepto del radar como instrumento de medición exacto y preciso fue allí donde pude comprenderlo en toda su magnitud. Abshaev organizaba la calibración anual de todos los radares; pero también se encargaba de la superación CÍCLICA de los ingenieros y meteorólogos que participan en este servicio. El curso que a nosotros nos dieron en cuatro meses, se lo impartían en un mes, periódicamente, a todos los ingenieros del sistema antigranizo. Yo le pregunté a Magomet Tajírovich –¿por qué los hacen pasar por el mismo curso repetidas veces? Él me contestó –porque cada vez nosotros hemos aprendido cosas nuevas y se las transmitimos, y además…les refrescamos los conocimientos que ya tienen, hay cosas que se olvidan, la tecnología de radar es muy complicada y uno tiene que cerciorarse que saben hacer las mediciones correctamente. Algo muy valioso que me quedó fue el «Rukovodstvo», es decir el Manual para la explotación de los radares MRL-4, MRL-5 y MRL-6.

Manual del MRL-5, la copia que Abshaev dedicó a José Mario

Para mí el curso de certificación (sí, salimos certificados por el fabricante para hacer todo tipo de trabajos en los radar MRL-5, aunque mi jefe no quisiera reconocerlo para no pagarnos el plus que otorga la ley a las personas que se certifican fuera del país) fue una oportunidad extraordinaria. Probablemente otro habría sido el derrotero que yo hubiese tomado si no es por este entrenamiento. Creo que con mi quehacer he amortizado los gastos en que haya incurrido el país al mandarme. He impartido numerosos cursos sobre este radar y su servicio técnico y he entrenado a 36 ingenieros como expertos de radar.

De izquierda a derecha: Silva, yo y José Mario frente al radar MRL-5 de Camagüey.

De todos los que fuimos al curso solo Onel y José Mario, como operadores, le sirvieron de provecho de larga data a la institución. De los ingenieros, Diego trabajó hasta su fallecimiento el 11 de marzo de 1997 en los radares MRL-5 (12 años después del curso), Maroto, ya jubilado, igual, trabajó en los radares MRL-5 hasta su fallecimiento reciente el 9 de diciembre de 2024 (39 años después del curso). Yo comencé mi vida laboral trabajando en un radar MRL-5 y mi último trabajo antes de jubilarme fue una reparación en el radar MRL-5 de Pico San Juan (41 años en total).

Así empecé y así terminé mi vida laboral: reparando radares MRL-5.

Reitero a las autoridades de nuestro país a cargo de los radares meteorológicos (y a quien lo desee oír) que a través de LADETEC aun pueden seguir contando con mis servicios …si creen que les haga falta.

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