Una historia del Oriente Medio y sus religiones condensada en 40 capítulos. Capítulo 34.Israel, MRL-5 y los Pájaros. Es solo un intento de explicarme a mí mismo los conflictos sobre los que he estado oyendo y leyendo desde pequeño.
Antes de volar a Oriente Medio por trigésima cuarta vez, hagamos un alto en la cultura popular (sí, a veces me pongo medio «culturoso» y el Oriente Medio se presta para eso), la famosa película de Hitchcock, Los pájaros (1963) me inspira para eso, pero no salió de la nada: se basa en una novela corta de Daphne du Maurier, la misma autora que escribió Rebeca, esa obra maestra del suspense gótico cuya acción transcurre en la mansión ficticia que en la novela llaman Manderley. Mejor nos detenemos aquí o llegaremos a los fenicios de nuevo.
Y hablando de castillos con nombre propio: la cantante irlandesa Enya (sí, la de Orinoco Flow) compró en 1997 un castillo en Killiney, Irlanda, por 3,8 millones de euros (en fin, cosas del Orinoco, tú no sabes por qué y yo tampoco). Y ¿Cómo lo llamó? Pues Manderley, en honor al castillo de la novela. Así que ya saben: du Maurier, Hitchcock, Enya y un castillo de leyenda. Dije de detenerme, pero seguí en la matraca. Todo eso en un ajiaco ¿tiene alguna lógica o estoy divagando como siempre? En fin, el mar, volvamos a lo nuestro, que en Israel los pájaros no eran un problema de película de terror, sino un problema de terror real para la aviación militar (al final volveremos sobre los castillos, que mis lectores saben que cuando me la cojo con una cosa…).
El problema: 500 millones de alas sobre el ombligo del mundo
Israel, desde 1948, se asienta sobre una de las principales rutas migratorias del planeta. Cada año, más de 500 millones de aves (cigüeñas, pelícanos, rapaces, estorninos) cruzan su cielo en dos direcciones. Para la Fuerza Aérea israelí (IAF), eso es una pesadilla. Los choques entre cazas F-15, F-16 y bandadas de pájaros han costado millones de dólares y, en algún caso, la vida de pilotos.
A finales de los 80 y principios de los 90, el ejército israelí buscaba desesperadamente una solución. Y la encontró donde nadie esperaba: en la mente de un científico soviético recién emigrado.
El protagonista: Leonid Dinevich, general de la URSS y señor de las nubes
Leonid Abrámovich Dinevich no era un cualquiera. Nacido en la isla de Sajalín en 1941, de una familia judía, se graduó del Instituto Hidrometeorológico de Odessa en 1965 y alcanzó el grado de candidato a doctor en Ciencias Físico‑Matemáticas, sobre el tema «Metodología para determinar el riesgo de granizo de las nubes utilizando las características de polarización de una señal de radar», en 1977 en Moscú.
En el periodo de 1965 a 1992, estuvo al frente del Servicio (militarizado) para la Influencia Activa en los Procesos Hidrometeorológicos del Comité Hidrometeorológico Estatal de Moldavia, radicado en la estación de Cornesti. Este puesto tenía (ahora ya no, me cuenta un amigo de Rusia) rango de general del Ejército Soviético; pero … era un general «de mentiritas», es decir no tenía ni el mando ni las prerrogativas de un general «de verdad», era solamente un cargo genérico. El problema es que este servicio tiene bajo su mando unidades coheteriles para la influencia activa sobre los procesos atmosféricos, por tanto, era un servicio militarizado.
El servicio se dedicaba a proteger los cultivos agrícolas del granizo, aumentar la precipitación de nubes de todo tipo, dispersar nieblas superenfriadas (por ejemplo en las Olimpiadas de Moscú se hizo para evitar la lluvia sobre las instalaciones deportivas), combatir las heladas, estudiar la electricidad de los rayos y las formas de influir en los procesos de las tormentas eléctricas, suprimir la convección y utilizar tecnología de cohetes para influir en los procesos de las nubes.
Dinevich se dedicó a la investigación experimental para evaluar el impacto de la siembra de nubes antigranizo en los cambios en las características de la precipitación que cae de ellas. Organizó la formación de especialistas en física atmosférica en el Departamento de Física Experimental de la Universidad de Chisinau. Fue diputado del consejo de distrito y, en 1989–1991, del consejo de la ciudad de Chisinau. Laureado con el Premio del Consejo de Ministros de la URSS (1985).
Yo supe de Dinevich en mis primeros años de trabajo porque mis dos primeros asesores, Roman Tychina y Vilory Kravtchenko, trabajaban en la fuerte base experimental del Observatorio Aerológico Central (cuyo cuartel general es en Moscú) en Moldavia y bueno, siempre se contaban historias.
En la Unión Soviética, Dinevich había publicado decenas de trabajos sobre radar meteorológico vinculado a la influencia activa (sí, fue pionero en el uso de la polarimetría en los radares), pero nunca sobre aves.
En 1991 Dinevich emigró con su familia (como parte de le emigración masiva de judíos soviéticos a Israel). De 1991 a 1994, fue investigador en la Universidad Hebrea de Jerusalén y, desde 1994, profesor en el Departamento de Zoología de la Universidad de Tel Aviv. También preside el Foro de Científicos y Especialistas de Israel.
El radar MRL-5: ¿chatarra soviética o salvavidas?
Dinevich alcanza el protagonismo en este post porque al emigrar a Israel en 1991, conectó con el ornitólogo Yossi Leshem y se dio cuenta de que el problema de los pájaros y los aviones, que era una prioridad estatal en Israel, era un problema de detección por radar. Y él sí sabía de radares.
El MRL-5 era un radar meteorológico dual (bandas S y X), alcance de 300 km (nosotros los ampliamos a 500 km), con una antena de banda X por delante de una de banda S, colineales con polaridades cruzadas) que la URSS usaba en aeropuertos para la detección y aviso de tormentas y en el servicio antigranizo, para el cual fue diseñado. Para los estándares de los 90, era un mastodonte analógico, pesado y gastón. Pero Dinevich sabía que, con los algoritmos adecuados, podía distinguir el eco de una bandada de pájaros del de una nube de lluvia.Usando sus contactos en la antigua república soviética de Moldavia, compró un MRL-5 de segunda mano (que estaba en desuso) por solo 20.000 dólares. Lo desmontó, lo metió en cajas y lo envió a Israel. Allí lo instalaron en la colina estratégica de Latrun, a medio camino entre Tel Aviv y Jerusalén. Y empezó a funcionar.
Desde la muy estricta letra de la ley soviética, la exportación de un radar de doble uso (civil/militar) sin autorización hubiese sido un problema, supongo yo que castigado severamente. Sin embargo, hay que poner las cosas en contexto: la URSS había colapsado en 1991. Algunos radares MRL-5 se oxidaban en almacenes o en sus posiciones, sin funcionar, sin mantenimiento, candidatos a chatarra. Los rusos tenían problemas más acuciantes en la economía.
No consta que Dinevich se hiciera rico con la operación ni mucho menos. Su motivación me parece más bien la de un científico que ve un problema y una solución que está al alcance de su mano y sus conocimientos. Yo creo que fue su curiosidad científica y su espíritu innovador.
Trabajos de Dinevich
El resultado: logró una reducción del 76% de los impactos con aves y un ahorro estimado de 800 millones de dólares para la Fuerza Aérea israelí en una década. Más bien fue una reinvención.
Yo volví a saber de Dinevich por una publicación sobre el uso del radar MRL-5 para la detección y seguimiento de las aves migratorias ya en los 90. Resulta que Dinevich no solo instaló el radar y ya está. Él y su equipo publicaron los resultados. Por ejemplo, en 2011 publicaron un artículo titulado Radar monitoring of seasonal bird migration over central Israel en la revista académica Ring. Ahí describen cómo usaron el viejo MRL-5, con un algoritmo especial, para crear mapas de radar con un radio de 60 kilómetros, superponiendo los datos meteorológicos con los vectores de vuelo de las aves. El sistema se convirtió en una parte integral para la seguridad de los aviones militares israelíes.
Un estudio de Dinevich de 2013 demostró que para aves grandes, como una cigüeña, el sistema las detecta sin problemas a 90 kilómetros si vuelan a 100 o más metros de altura sobre el nivel del radar. Para detectar a la mayoría de aves en vuelo, el radio efectivo está más cerca de los 30-60 kilómetros. Eso explica por qué lo pusieron en Latrun, en un punto estratégico (e histórico, siga leyendo y verá por qué lo digo).
También Dinevich publicó sobre las características de la migración diurna y nocturna en Israel, incluyendo un trabajo de 2004 donde explicaban el método para detectar aves y calcular su vector de velocidad. En 2015, presentó un artículo centrado en mejorar la precisión del sistema para reducir las falsas alarmas. Es decir, el tema está muy bien documentado.
Y en Estados Unidos también usan radares para pájaros: los NEXRAD
El sistema israelí no es único ni mucho menos. Hace unos años la dirección del Instituto de Meteorología me mandó un artículo sobre este tema, preguntándome si sabía sobre eso. Les comenté que no era una novedad. En EE. UU., la red de radares meteorológicos NEXRAD (Next Generation Radar) se emplea desde hace años para seguir migraciones masivas. Algunos ejemplos:
| Organismo | Uso de NEXRAD |
|---|---|
| Universidad de Massachusetts (Laboratorio de Ornitología) | Algoritmos para extraer bio-ecos de las tormentas y predecir llegadas de aves a aeropuertos. |
| FAA (Administración Federal de Aviación) | Alertas en tiempo real a controladores sobre bandadas en aproximación a pistas. |
| Servicio de Parques Nacionales | Estudio de rutas migratorias para proteger especies amenazadas. |
La diferencia técnica: NEXRAD tiene mejor resolución espacial, es un radar Doppler y Polarimétrico, pero el MRL-5 israelí fue pionero en adaptar un radar meteorológico con software inteligente para la detección de aves, algo que luego imitaron otros países.
También Rinehart, en el libro que yo traduje toca el tema.
El misterio de Latrun: caballeros templarios, un castillo perdido y un radar
Y aquí llegamos al último plato del menú y con esto retorno a Enya y al castillo. La colina de Latrun, donde Dinevich instaló su radar, no es un lugar cualquiera. Es un enclave cargado de historia y… de misterio. Porque, según los historiadores, allí se levantaba una fortaleza de la época de las Cruzadas llamada Toron des Chevaliers («El Castillo de los Caballeros»). Y se da la circunstancia de que esa fortaleza fue, probablemente, posesión de los Caballeros Templarios, esa orden envuelta en leyendas, tesoros escondidos y rituales secretos.
Pero el enigma se complica: en 2015, un estudio académico propuso que el verdadero castillo del conde español Rodrigo González de Lara (uno de los supuestos fundadores del Toron des Chevaliers) no estaba en Latrun, sino en otro lugar. Es decir, que el «Castillo Perdido de los Templarios» sigue sin aparecer. O quizás no.
Cuba, los pájaros tirándole a la escopeta
No me bastaba con Hitchcock y seguí en lo de «peliculero», ahora con la deliciosa comedia cubana «Los pájaros tirándole a la escopeta».
En 1986 se instaló en la Loma de Casa Blanca, donde había estado aquel primer radar meteorológico cubano en 1965, un DECCA-42 que duró muy poco, un flamante radar soviético MRL-5. Este radar había sido donado por el Observatorio Aerológico Central (OAC), el de Moscú, que lo compró nuevo y la fábrica vino a instalarlo en La Habana.
Este punto nos enlaza con Dinevich y la Influencia Activa porque el OAC se dedicaba al incremento artificial de las precipitaciones y era el partner principal del Laboratorio Conjunto Soviético-Cubano para la Meteorología Tropical (y llevaron a cabo experimentos de Lluvia Provocada de 1982 a 1991). El MRL-5 en Casa Blanca era el segundo en Cuba, ya el propio OAC había comprado uno, y lo había puesto en el Centro Meteorológico de Camagüey, ese me lo regalaron a mí en mi 26 cumpleaños.
Como detalle curioso, el MRL-5 de Casa Blanca iba para Viet Nam, los cartelitos estaban en vietnamita; pero el OAC presionó y se lo dieron a ellos. Como experto en MRL-5 puedo dar fe, que de los cinco MRL-5 que hemos tenido en Cuba, este siempre fue el mejor en todos los aspectos.
Retornemos al «pájaro del arroz con pájaro» (el pollo es un pájaro también ¿o no?, bueno, un ave sí es). Desde finales de los 80 el radar de Casa Blanca fue usado para el seguimiento de aves para estudios ornitológicos. No supe más de estos estudios con posterioridad, ya cuando automatizamos y modernizamos este radar en el 2001 no se estaban haciendo. Alguien me dijo que el científico había emigrado (como Dinevich).
En Cuba tuvimos cuatro radares MRL-5: Camagüey (1981), Casa Blanca (1986), Pilón (1987) y Pico San Juan (1989). Estos dos últimos los había comprado Cuba en 1982, a un precio de más de 1 millón de rublos, equivalente a 1 millón USD en la época (compárese con los 20 mil que pagó Israel por aquel MRL-5 «chatarra»); pero no se montaron cuando llegaron.
¿Qué por qué uso la metáfora que da título a la película? a) Porque en 1988 habíamos sido los primeros del mundo en usar una PC para el procesamiento en tiempo real de la información de un radar meteorológico. b) Porque en 1993 habíamos logrado una automatización (proyecto ARGOS lo llamamos) que lograba simultanear las observaciones manuales y automáticos, igual que el AKSOPRI soviético, pero ellos lo hacían con dos minicomputadoras (SM-4) y nosotros lo hacíamos con una PC, ni siquiera muy avanzada para su época. c) Porque en 1997 hicimos un radar completamente automático sobre la base de un MRL-5 y fue lo más avanzado que hubo en los 307 radares MRL-5 producidos en la Unión Soviética (eso incluye al de Latrun), d) Porque rápidamente hicimos un prototipo industrial que se extendió en el 2000 a Pico San Juan, en el 2001 a Casa Blanca y en en el 2006 al de Pilón. e) Porque en el 2012 el MRL-5 de Camagüey se convirtió en un radar Doppler de doble longitud de onda y en el 2020 se extendió esta cualidad al de Casa Blanca ¿Está justificada la metáfora? Saque usted sus propias conclusiones.
Mi metáfora hace alusión a que nosotros, un país pobre y subdesarrollado (los pájaros) adelantamos a nuestros tutores soviéticos (la escopeta) haciendo modelos avanzados y sostenibles con muy pocos recursos. Comprenda mi lector que esto fue posible, no porque nosotros estuviéramos más avanzados en la teoría o fuéramos muy inteligentes, sino porque la Unión Soviética luego de su disolución cayó en un período muy negro de su economía y los radares meteorológicos cayeron a una prioridad lejana (hum, me suena conocido eso). Nosotros somos discípulos de la Escuela del Profesor Magomet Tajírovich Abshaev, creador de los radares MRL-5 y el método de detección de granizo con doble longitud de onda, solo que determinadas condiciones históricas nos favorecieron. Nosotros también, al igual que Dinevich, demostramos que los MRL-5, aunque viejos, no son una chatarra.
Así que, cuando el radar MRL-5 escudriña el cielo de Latrun, lo hace sobre un suelo que aún guarda silencio sobre sus propios secretos medievales. ¿Qué mejor metáfora para la tecnología que vigila el cielo mientras la historia permanece enterrada?
Demitificando el tema
No quiero dejar la nebulosa mítica en el aire. Sin quitarle méritos a Dinevich que fue el primero en implementar esta aplicación en la práctica. No, no hay nada «secreto» en eso de detectar la existencia de aves en el entorno del radar. Si mi lector siente curiosidad puede leerse mi post ¿Qué miden los radares meteorológicos? allí explico las características de la interacción de las diferentes longitudes de onda usadas en los radares meteorológicos (bandas de trabajo) y su interacción con los diferentes tipos de blancos, es decir objetos que son intersectados por las ondas de radar. Las aves son un tipo de blanco, que normalmente, para fines meteorológicos, tratamos de suprimir por medio de filtrado.
No hay secretos, por medio del filtrado adecuado, las señales retornadas por las aves pueden ser detectadas y estudiadas (Lea mi artículo sobre cómo, normalmente, las filtramos y suprimimos para dejar solo los ecos meteorológicos). Basta con aplicarse a ello y eso hizo Dinevich y después otros muchos.
Con un radar Doppler en las dos longitudes de onda como el de Camagüey es un trabajo muy simple (Dinevich lo habría disfrutado mucho). Con radar Doppler y Polarimétricos es aún más simple; pero con un radar convencional, tal como demostró el innovador Dinevich, es perfectamente posible. Basta con establecer una estrategia de exploración adecuada y determinados regímenes de trabajo del transmisor (duración del pulso y frecuencia de repetición de los pulsos) y se puede hacer una «climatología» del paso de las aves.
En LADETEC podemos brindar estos servicios de seguimiento de aves para hacerlo con cualquiera de los radares cubanos, incluso con más de uno a la vez. Ya lo saben Bioeco, Ecología y Sistemática y cualquier interesado. Sabemos cómo establecer los regímenes de exploración y luego hacer el filtrado, mucho más fácil si el radar es Doppler. Tenemos muchas aplicaciones posibles de los radares meteorológicos disponibles.
Así que, estimado lector, ya ve: desde los cuervos de Hitchcock hasta los estorninos de Latrun, desde el Manderley de Enya hasta el MRL-5 de Casa Blanca, los pájaros y los radares han volado juntos mucho más de lo que imaginas. Y yo, sin moverme de mi isla, he podido contar esta historia porque un día me regalaron un radar de cumpleaños … allá por 1981.

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