
Parece como si fuera ayer, y ya cumple 33 años, la edad que tenía Cristo al morir (caramba, qué coincidencia, como diría Les Luthier en su monólogo El Rey Enamorado). Yo quise ser investigador desde que comencé a trabajar en Meteorología en 1981. Una, porque ganaría más que como ingeniero de servicio, y otra porque sentía una natural inclinación a las tareas de investigación. Sin embargo, el camino no fue fácil. Al principio todo me parecía muy expedito: graduado con los máximos honores (5 puntos de promedio, Summa Cum Laude dicen en algunas universidades) en el Instituto de Ingenieros del Transporte de Moscú, con una patente en la Unión Soviética y varios artículos publicados…parecía que yo era la persona ideal para ser investigador…pues no, no fue hasta 1986 que “conseguí”, angustiosamente, una plaza de aspirante a investigador. Bueno, como siempre, estoy desvariando. El problema es que en diciembre de 1989 después de 3 años como «investigador» (pero que hacía más tareas de servicio que de investigación) “me cortaron el agua y la luz”, es decir, un funcionario «facultoso» cerró mi plaza de aspirante a investigador, que me había tomado 5 años conseguir. Parecía que mi camino científico quedaría truncado allí.
Bueno, dicen que Dios aprieta, pero no ahorca. Justo cuando cerraron mi plaza de investigador, la Dra. Rosa Elena Simeón Negrín, a la sazón Presidenta de la Academia de Ciencias de Cuba (aún no éramos un ministerio), decidió recompensar mis grandes esfuerzos y mis modestos logros (HERMES entre ellos), y me concedió CINCO plazas de investigadores para fundar lo que dimos en llamar El Laboratorio de Desarrollo Técnico. Por primera vez pude dedicarme con mayor énfasis al trabajo de investigación/desarrollo.

Oficialmente el Laboratorio quedó inaugurado cuando entró el segundo integrante que fue Waldo Vázquez Soto y esto ocurrió el 15 de enero de 1990, Día de la Ciencia en Cuba (para mis lectores que no sean muy sagaces, el primero fui yo, que salté de mi plaza de investigador que se hundió hacia mi nueva plaza de investigador que me dio Rosa Elena, con apenas 15 días de naufragio, como quien salta de un témpano de hielo hacia un barco que lo recoge). Un poco después se incorporó Juan Ramón Rovirosa Estenoz.

Entre 1990 y 1995, Waldo, Ramoncito y yo tuvimos un período muy creativo. Prácticamente poníamos los cimientos de todo lo que vino después. Hicimos el Operador Automático del radar MRL-5 de Camagüey y uniéndolo y mejorando el Sistema HERMES armamos un sistema completo que llamamos ARGOS que automatizaba todo el proceso de adquisición de la información de radar y su procesamiento posterior, y en medio de eso hicimos el MicroFax para el Centro de Investigación de Ecosistemas Costeros de Cayo Coco. Ellos dos dejaron listas todas las tarjetas y el software para el prototipo de Radar Meteorológico Automático que se montó exitosamente en 1997 en La Loma de la Mula, les tocaría a otros llevarlo a la práctica.

Desafortunadamente (para LADETEC), en 1995 Waldo y Ramoncito abandonaron el Centro Meteorológico de Camagüey, que no LADETEC. Nosotros tres seguimos trabajando creativamente durante muchos años después. Waldo estaba más cerca, aquí en Camagüey, en los Servicios Técnicos de CIMEX, y lo consultábamos a cada rato. Ramoncito emigró a EE.UU.; pero no perdimos el contacto. En el año 2000, cuando viajé a EE.UU. sostenía largas conversaciones-discusiones técnicas con Ramoncito ¡de varias horas hablando seguidas por teléfono! Es que se nos habían quedado cargadas muchísimas ideas, que con el tiempo fuimos implementando en LADETEC ¡Para mí fue un privilegio enorme haber trabajado con dos personas tan talentosas y consagradas! Así como ven en la siguiente foto, lucíamos a finales de 1995 cuando Waldo y Ramoncito estaban a punto de irse. La foto se tomó en un cumpleaños con toda la muchachera.

Chismes de plazas aparte, la Dra. Rosa Elena vio venir antes que nosotros lo que se nos avecinaba: el deterioro tecnológico de nuestros radares producto de la pérdida de nuestro único proveedor de piezas de repuesto, es decir la Unión Soviética, que ya sucumbía. Téngase en cuenta que desde principios de los 80, a nuestros radares japoneses les poníamos piezas soviéticas e íbamos tirando con eso. Por tanto, al desaparecer la URSS, nos quedábamos sin piezas para los radares soviéticos y para los radares japoneses también.

El mandato de Rosa Elena al fundar el Laboratorio de Desarrollo Técnico fue claro: quiero que este Laboratorio de Desarrollo Técnico sea la punta de lanza de la innovación tecnológica dentro del Instituto de Meteorología—nos dijo ella– ustedes están destinados a proporcionar las soluciones para la sostenibilidad de los radares y tal vez de otras tecnologías, y en un futuro no lejano jugarán un papel importante en nuestra región.

Ella no llegó a ver la proyección internacional que fuimos adquiriendo hasta lograr estar entre las 7 únicas instituciones del mundo capaces de fabricar un radar meteorológico completo (hardware y software), con soluciones propias, pero eso fue lo que soñó para nosotros que estábamos entre “sus locos favoritos” según sus propias palabras. Ya estaba en la fase final de su enfermedad cuando, en septiembre de 2004 nos encargaron diseñar y fabricar un prototipo de radar Doppler Cubano para extenderlo a todos los radares.

A partir de 1995 LADETEC recibió una nueva hornada: Leonardo, Arturo, Roberto, Albio, Alexey, Marco, y luego otra y otra; pero ya esa es otra historia que se extiende hasta hoy…

Pero…volvamos a la foto de marras y tiremos un nuevo vistazo, esta vez a dos niños ¿Quién nos iba a decir en 1995 que, con el paso del tiempo, Darío, el hijo de Waldo y Vladímir, mi hijo, se convertirían en pilares fundamentales de LADETEC y continuarían la obra que algún día iniciamos en 1990 al fundar LADETEC y materializarían nuestras incipientes ideas a un nivel mucho más alto e idearan otras que nosotros ni siquiera vislumbramos?

Pero…no corran amables lectores, veamos de nuevo la foto: la única niña allí es ahora la Especialista en Geriatría que nos está esperando para atendernos a todos nosotros (bueno, yo hace rato soy paciente geriátrico), los viejitos del LADETEC. Estaremos en buenas y muy severas manos, la Dra. Orlý ostenta dos títulos de oro.

En mi cumpleaños pasado, el 16 de diciembre de 2022, me dio tiempo a pedir un deseo antes que mis traviesas nietecitas apagaran la vela (el chiquitico Orlandito no quería soplar sino meterle mano al chocolate): que la luz de LADETEC (sea cual sea la modalidad en que sobreviva a los entuertos de la vida) no se apague y continúe iluminando el firmamento de nuestra Patria…

Una cosa puedo decir hoy, cuando han pasado 33 años, para que me oiga el espíritu de nuestra querida Rosa Elena dondequiera que esté: LADETEC cumplió su encomienda. No nos doblegó el bloqueo, ni la falta de financiamiento, ni las adversidades, ni nos tentaron cantos de sirena, mantuvimos los radares funcionando, brindamos servicios en 10 países y entramos al país casi medio millón de dólares, y creamos una innovación ante cada rotura, cada día los radares fueron un poco mejores que el día anterior, a pesar de los pesares.
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