Radares Mirando al Sur

Fundamentos, Tecnologías, Aplicaciones, Historia y Memoria

Ironías del destino: Melissa y El Capitán

«…Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa…» Romance Sonámbulo. Federico García Lorca.

Cada huracán que azota nuestro archipiélago es una nueva historia, pero todas las historias son de trabajos, de sacrificios, de sufrimientos, de solidaridad, de hechos heroicos, de esperanza, de dolor, de fe, de dignidad y de grandeza de la Revolución. Desde hace unos años al paso de cada huracán hay fotos que se vuelven icónicas. Con Melissa la foto del hombre tratando de poner a salvo su televisor antiguo (culón, de tubo de rayos catódicos) en medio de la inundación ha sido la sensación. Yo pienso que ante este huracán, la actuación de la Tríada (Instituto de Meteorología-Defensa Civil-Medios) funcionó como un reloj. Más de 750 mil evacuados en tiempo y forma, ni una sola muerte que lamentar, los parques eólicos sin daños (sí, a pesar de las publicaciones sarcásticas y mal intencionadas de …ustedes saben de quién), creo que fue un desempeño de excelencia. Pero como saben mis fieles lectores, yo me desvío de mi propósito inicial, así que es hora de volver a lo mío, que son los radares.

Desde 1997 cuando terminamos la modernización y montaje del radar de Camagüey ya de facto mi tropa de LADETEC estaba al frente de los destinos de los radares en Cuba. Un poco después, en el 2003 el monstruo Tomás instituía el Centro de Radares y me entregaba no sólo el servicio técnico, sino también la explotación de los radares. En todo ese tiempo fueron muchas las veces que tuvimos que ir a poner de alta el radar de Gran Piedra. Unas cuantas fueron reclamos infundados, que si visita del Papa (Juan Pablo II en enero de 1998, Benedicto XVI en marzo de 2012 y Francisco en septiembre de 2015), en todos los casos hubo buen tiempo, ninguna razón para requerir de urgencia el radar. No obstante, disciplinados como somos, aun cuando pensáramos que no tenía sentido práctico, siempre fuimos y cumplimos la encomienda.

Yo con la dotación de Gran Piedra la vez que subí a pie los 14 km.

En enero de 2016 se presentó un caso singular. Se habían producidos temblores inusualmente fuertes y continuados durante varios días. Los santiagueros dormían en las calles. El radar de La Gran Piedra se encontraba fuera de servicio por el sempiterno problema del sistema de aterramiento defectuoso que originaba averías en el radar ante la caída de rayos. Se acercaba un frente frío y molestas lluviecitas incomodaban a la población que dormía en los parques por miedo a que los temblores derrumbaran las viviendas. Muy mal aconsejados, sabrá Dios por quien, la dirección del Partido en la provincia elevó el reclamo de que de urgencia le pusieran de alta el radar, bajo el supuesto de que la población «se sintiera protegida por su radar». Muy loable el propósito, pero científica y técnicamente una solicitud que no tenía en cuenta el problema en su conjunto. En aquel momento lo expliqué con lujo de detalles, los amables lectores lo pueden leer en este post y sacar sus propias conclusiones.

Midiendo las tierras en el radar de Gran Piedra

La dirección del CITMA y del INSMET, en vez de explicar y hacer valer los criterios científicos a quienes se lo pedían se plegaron (Ay Rosa, como se te ha extrañado) y nos mandaron a poner de alta A CUALQUIER COSTO el radar de Gran Piedra, de urgencia. Le explico a mis lectores que nuestra reticencia no era por no ir, nosotros SIEMPRE disfrutamos los trabajos de reparación y mantenimiento en CUALQUIER radar, sin preferencias.

Los monstruos Leonardo-Ichi y Roberto, trabajando en Gran Piedra.

El problema estaba en que el componente roto (producto de una descarga atmosférica) no lo teníamos de repuesto en ese momento. La única solución posible era quitárselo a otro radar. Dada la urgencia no podíamos viajar a otro radar occidental, necesariamente lo único que se podía hacer en tan corto tiempo era quitárselo al radar de Camagüey y dejarlo fuera de servicio. Como responsables del servicio técnico para nosotros esto era intrascendente.

Modernización del radar de la Gran Piedra.

Sin embargo, como ya les comenté, yo también tenía a mi cargo el Servicio Científico Técnico de Vigilancia Meteorológica por Radar y desde el punto de vista de la vigilancia no era intrascendente, era totalmente contraproducente. El único radar que realmente estaba monitoreando la lluvia en la ciudad de Santiago de Cuba era el de Camagüey, dado que el radar de Holguín, el que mejor hace esta tarea, estaba fuera de servicio desde el 2011 y no se nos permitía repararlo con innovaciones tecnológicas (no fue hasta el 2017 que nos permitieron hacerlo). Entonces, justamente, hacer ese cambio era muy desacertado desde el punto de vista de la vigilancia meteorológica, que es lo que inocentemente se pretendía con el cambio. El radar de Gran Piedra NO VE LA LLUVIA SOBRE LA CIUDAD, así que el cambio no solo era inútil sino nocivo para lo que los mismos santiagueros deseaban.La dirección del CITMA y del INSMET, en vez de explicar y hacer valer los criterios científicos a quienes se lo pedían se plegaron y nos mandaron a poner de alta A CUALQUIER COSTO el radar de Gran Piedra, de urgencia. Le explico a mis lectores que nuestra reticencia no era por no ir, nosotros SIEMPRE disfrutamos los trabajos de reparación y mantenimiento en CUALQUIER radar, sin preferencias.

Leonardo-Ichi y el Gran Pedrito ante el Transmisor rediseñado y reconstruido del radar de Gran Piedra.

El problema estaba en que el componente roto (producto de una descarga atmosférica) no lo teníamos de repuesto en ese momento. La única solución posible era quitárselo a otro radar. Dada la urgencia no podíamos viajar a otro radar occidental, necesariamente lo único que se podía hacer en tan corto tiempo era quitárselo al radar de Camagüey y dejarlo fuera de servicio. Como responsables del servicio técnico para nosotros esto era intrascendente. Un radar por otro, eso lo hicimos muchas veces, con un sentido táctico, para enfrentarnos mejor a los huracanes.

Leonardo-Ichi, reconstruyendo los anillos colectores del radar de Gran Piedra.

Sin embargo, como ya les comenté, yo también tenía a mi cargo el Servicio Científico Técnico de Vigilancia Meteorológica por Radar y desde el punto de vista de la vigilancia no era intrascendente, era totalmente contraproducente. El único radar que realmente estaba monitoreando la lluvia en la ciudad de Santiago de Cuba era el de Camagüey, dado que el radar de Holguín, el que mejor hace esta tarea, estaba fuera de servicio desde el 2011 y no se nos permitía repararlo con innovaciones tecnológicas (no fue hasta el 2017 que nos permitieron hacerlo). Entonces, justamente, hacer ese cambio era muy desacertado desde el punto de vista de la vigilancia meteorológica, que es lo que sin conocimiento de causa se pretendía con el cambio. El radar de Gran Piedra NO VE LA LLUVIA SOBRE LA CIUDAD de Santiago de Cuba, así que el cambio no solo era inútil sino nocivo para lo que los mismos santiagueros deseaban. No los iba a proteger el radar de Gran Piedra e iban a perder la protección del radar de Camagüey (Pilón recuerden que está al oeste, por tanto tiene toda la Sierra Maestra de por medio entre ellos y Santiago de Cuba, que está a nivel del mar).

En la antena del radar de Gran Piedra

Fue inútil discutir, los jefes prefirieron callar y complacer la solicitud. Nosotros, que somos bocones, pero muy disciplinados, pusimos de baja el radar de Camagüey y fuimos y pusimos de alta el de Gran Piedra con la pieza de Camagüey y de inmediato nos enfrascamos en buscar una solución de innovación tecnológica para restablecer cuanto antes el de Camagüey, que para eso LADETEC no solo se ocupaba de reparar los radares sino también de desarrollar soluciones para paliar los desabastecimientos. Lo logramos en tres días. Pasada la emergencia, todo el mundo olvidó aquello y NADIE le puso la misma presión a resolver el problema del aterramiento en el radar de Gran Piedra, culpable de la situación de marras (hasta el sol de hoy sigue sin solución).

Los monstruos Maroto y Andrés poniendo de alta radar de Gran Piedra para Matthew.

Hubo casos mayores y totalmente justificados: Matthew se aproximaba amenazante desde el sur, y hubo que poner el radar de Gran Piedra de alta, una vez más para bien. El radar jugó su papel de forma relevante. A aproximarse el Irma fue lo mismo, esta vez toda una epopeya que ya narré en el post «Cuando no hay mulos se arrea a lomo de Hombres» porque hubo que subir una pesada UPS, ya con el tiempo degradado, pero muy atinadamente: el radar volvió a brillar y ser el primero en distinguir el ojo de Irma con certeza a pesar de que venía por el norte y no por el sur, que es el sector fuerte de este radar. En fin, fueron muchos los casos. El radar de Gran Piedra se ha tragado casi todos los repuestos de automática de toda la red, por la testarudez de ponerlo de alta una y otra vez sin resolver el problema que origina las roturas: el sistema de aterramiento defectuoso.

Los monstruos Yuniel y Leonardo-Ichi, subiendo UPS a Gran Piedra antes de Irma.

Teniendo todos estos antecedentes es lógico que uno se pregunte ¿qué pasó que ni para Oscar ni para Melissa se exigió que el radar de Gran Piedra se pusiera en funcionamiento, cuando obviamente eran situaciones que pedían a gritos la intervención del Coloso de Gran Piedra? Me lo preguntaron dos antiguos directivos de alto nivel del Instituto de Meteorología. Me los preguntaron tres seguidores que conocen la trayectoria de LADETEC no peor que nosotros mismos. Me lo preguntaron dos antiguos operadores del radar de Gran Piedra ¿acaso ya no sienten la necesidad de que los santiagueros «se sientan protegidos por su radar de Gran Piedra»? ¿ni siquiera ante la inminencia de un huracán categoría 5 como Melissa? ¿qué ha cambiado que ya no sale para allá una tropa de ingenieros a ponerlo de alta de todas-todas? ¿Consideran que el radar está desahuciado?

Trabajando con los operadores del radar de Gran Piedra.

También me preguntan si yo creo que ya el radar de Gran Piedra finalizó su vida útil después de cincuenta años de explotación. Les daré mi opinión, que como siempre ha sido ha estado colegiada con mi equipo de expertos de LADETEC, especialmente en sintonía de telepensamiento con el ingeniero principal de radares en Cuba, Leonardo-Ichi. No, no creemos que esté muerto. Creemos firmemente que podemos recuperarlo y devolverle su brillo contando solamente con las piezas que están compradas y almacenadas en el Centro de Radares, para que excluyan el factor del bloqueo en las compras de nuevos componentes. Es cierto que algunos sistemas deberían ser mejorados con inversiones; pero tenga en cuenta mi ambicioso lector que el país pasa por una situación crítica con el suministro eléctrico (por cierto, el radar podría ser alimentado de paneles solares, el consumo es de menos de 1.5 kW, mérito de nuestra modernización porque el original consumía más de 20 kW), con el abastecimiento de los víveres de la canasta básica, que hay dificultad de transporte, que hay muchas dificultades y carencias en el sistema de salud, que hay problemas con la recogida de desechos…obviamente los radares no serían una prioridad absoluta para inversiones.

Trabajando en el radar de Gran Piedra.

LADETEC, ahora como empresa privada está aún en mejores condiciones para resolver problemas en los radares si nos quieren contratar, que ya nos hemos ofrecido. Dejo clara constancia que si dejan morir al radar de Gran Piedra nosotros no participamos de ese sepelio.

El Coloso de Gran Piedra

Y hablando de fotos icónicas los dejo con otra que representa muy bien el espíritu de nuestro pueblo ante las adversidades de los huracanes. Ahí tienen al niñito de Punta Alegre rescatando el busto de El Maestro después de Irma.

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